LA REALIZACION FORMAL

LA REALIZACIÓN FORMAL


        
La realización formal dirige nuestra atención a las cosas y a sus significados. Los arquitectos, quieran o no, dan una forma concreta a las cosas y a la gente que ve o las habita, sea del todo consciente o no, responde a estas formas. Las dimensiones de esta respuesta son algo difíciles de calibrar, ya que están formadas por componentes personales, así como por otros más generales. Los arquitectos han intentado desde el principio compilar sistemas y formular reglas de proporción y composición que ayudasen a provocar respuestas por parte de la gente que viese las realizaciones formales que hacían. La idea de unos adultos dedicados a configurar cosas ha sido considerada por muchos durante el pasado medio siglo como un acto situado en algún punto entre lo poco elegante y lo ilícito. Se suponía que la función satisfaría el esfuerzo puesto en la forma y que cuanto menos atención se prestase a la realización formal, tanto mejor. En los años cuarenta, por ejemplo, un dibujo de mucho éxito fue el de un absurdo aeroplano probablemente diseñado por un arquitecto. El aeroplano era incapaz de volar bajo el lastre de sus mal comprendidos amuletos, columnas, frontones y ruinosoas paredes de piedra.

       Hacia los años sesenta se atacaba por razones sociales la arrogancia de los arquitectos que imponían una forma concreta a las cosas, y los que se dedicaban a dar forma (es decir, los que configuran las cosas) era etiquetados como dinosaurios culturales. Se presumía o bien que las cosas buenas no debían tener ninguna realizacion formal (del mismo modo que una buena sociedad no necesitaría de ningún gobierno) o que la realizacionn formal del entorno resultaría, sin que hubiera de ser ayudada a nacer, de la interacción de los usuarios y creadores. Estas presunciones, naturalmente, estaban equivocadas. Se hundieron porque la función, por sí misma, es inadecuada para definir la realización formal de un edificio. Desde el momento en que cualquier problema funcional puede ser resuelto por realizaciones formales diferentes, la elección depende forzosamente de las preferencias de los creadores.

        Así pues, nos encontramos todavía enfrentados a la necesidad de configurar las cosas, y los arquitectos deberia observar la naturaleza de las directrices existentes.

       Una distinción que puede ayudarnos es la existente entre las realización formal y la forma. Según se nos ha dicho, la forma sigue a la función, y delimita un campo en el que las cosas pueden tomar -es decir, se les puede dar- una realización formal, las cucharas, por ejemplo, son normalmente instrumentos con una superficie cóncava para contener líquidos, con una mango acomplado para facilitar el movimiento del líquido y para proteger la mano humana en caso de que el líquido esté caliente. Hay miles de millones de realizaciones formales posibles para una cuchara, aunque sólo exista una forma "cuchara". La elección de realización formal se basará en los diferentes modelos culturales y personales, o bien existe la interesante posibilidad de que, para el mester que nos ocupa, no se necesite una cuchara en absoluto, y que un cuenco, un sifón una bomba o una cañería hagan mejor el trabajo. Hay también casos en los que las exigencias de la forma de la cuchara han sido violadas, de tal modo que el líquido de desparrama, y ninguna asociación de la mente y la memoria, por muy aguda que sea, puede superar el fallo técnico.

       Existen tres medidas de la realización formal; las que todas compartimos (arquetípicas), las que compartimos con una cultura (culturales), y las que son un producto de nuestra propia memoria (personales).

       Las figuras arquetípicas dependen de una antigua dialéctica entre columnas y muros. Desde que la humanidad salió de las cavernas, hemos erigido columnas y desplegado paredes y a partir de una orquestación de estos dos actos hemos desarrollado el arte de la construcción. Nuestras columnas han sido consideradas con bastante lógica como símbolos de fertilidad masculina, pero tienen un papel más perdurable como celebraciones de la postura erguida de los humanos. Nuestras paredes seguramente traen a la memoria la cueva y las entrañas de la tierra, pero también exaltan, por el modo en que están dispuestas, la habilidad del geómetra y el triunfo que a veces consigue la razón. Los planos de los edificios y las ciudades son, hasta la actualidad, restos de columnas y paredes, y en civilizaciones que van desde Filadelfia hasta el Japón aún aportan bases del diseño.

       Los intentos de alcanzar armonías eternas a través de las apropiadas relaciones de las dimensiones empiezan a ser arquetípicos; sea como fuera, tienden un puente entre muchas culturas.


CHARLES MOORE
GERALD ALLEN
DIMENSIONES DE LA ARQUITECTURA
ESPACIO, FORMA Y ESCALA  

Comparte esto con tus amigos en:

Related Posts

Previous
Next Post »