REFLEXIONES SOBRE LA CIUDAD Y EL CIUDADANO

Rumpel
El diccionario de la Real Academia de Ia Lengua Española define Ia palabra ciudad como: “Espacio geográfico, cuya población, general, numerosa, se dedica en su mayor parte a actividades no agrícolas’. Esta definición por oposición a lo rural, cuanto menos es muy imprecisa.

La ciudad es un hecho físico que se debe estudiar de forma objetiva para leerla como el texto que nos permite comprender el contexto. La ciudad es Ia más comprehensiva de Ias obras del hombre. Como dijo Walt Whitman “lo reúne todo y nada que se refiera al hombre le es ajeno”

EI devenir de Ia historia de Ia humanidad ha acontecido, por lo general, en el entorno de una ciudad. La literatura ha tenido casi siempre una ciudad como telón de fondo. Las mejores descripciones de París se Ias debemos a Balzac, y Ias de Madrid a Galdós.

Para Aristóteles
ciudadano de una ciudad es aquel que tiene la facultad de intervenir en Ias funciones deliberativas o judiciales de Ia misma, y ciudad en general, el número total de estos ciudadanos que bastan para Ia suficiencia de la vida. Esta definición corresponde a un concepto político de ciudad, en el que el propio estado es Ia ciudad, y Ia ciudad es el estado. 

Para Ortega y Gasset:
“Ia ciudad es un ensayo de secesión que hace el hombre para vivir fuera y frente al cosmos, tomando de él porciones selectas y acotadas”. La diferencia radical entre ciudad y naturaleza es la base de su definición, considerando a Ia ciudad como una creación abstracta y artificial del hombre. 

La ciudad se ha ido formando y conformando paulatinamente al correr de Ia historia. “Sucede un acontecimiento político y el rostro de una ciudad tomará nuevas arrugas” (Spengler) o bien: los gestos de una ciudad representan Ia historia psíquica de una cultura. Una vez que Ia ciudad se ha implantado en el terreno propicio, împlantación o fundación que en Ia antigüedad tenía un carácter litúrgico y equivalía a transformar el nuevo solar en Tierra patrum (patria), Ia naturaleza humana va trazando Ias líneas de Ia nueva estructura, en un proceso vital en el que se halla implicado un círculo de costumbres, tradiciones, sentimientos, actitudes y características de una determinada colectividad. Pero es más: estas estructuras que han ¡do conformándose a través de este proceso, acaban por constituir ellas una segunda naturaleza; es decir, estas estructuras reobran a su vez sobre los habitantes, que se encuentran con una realidad exterior con Ia que ya tendrán que contar. Walter Benjamin, en 1935 escribe: “Habitar significa dejar huellas”. Esta realidad física que produce cualquier modificación, a su vez contribuye a reproducir modificaciones posteriores siendo mediadora de éstas.

- Juan Cano Forrat - Introducción a la Historia del Urbanismo




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