EL CLIENTE DEL ARQUITECTO

Rumpel
Los arquitectos tienen clientes excelentes y clientes difíciles. Los clientes excelentes se perciben como aquellos que se identifican con la mayoría, si no la totalidad, de las ideas de diseño del arquitecto, que dan al arquitecto una amplia libertad de diseño y gastan dinero para crear una obra de arte. Toman decisiones y son conciliadores, nunca hacen cambios a los diseños cuando ya están aprobados. Los clientes difíciles muestran las características contrarias. No sólo cuestionan las ideas del arquitecto sino también su comprensión de los verdaderos problemas programáticos y financieros.

El tipo de cliente más común, son los que se clasifican demográficamente como familiares, y que quieren mejorar la calidad de su ambiente habitacional personal, su hogar. Éste cliente suele pedir que el arquitecto no sólo diseñe la construcción, sino también el interior. Los clientes familiares pueden ser los más exigentes de todos. En estos clientes intervienen las necesidades, deseos, actividades, experiencias y recursos más importantes de la vida. Esta es la razón por la que las personas están dispuestas a comprometer una parte importante de sus ingresos. El arquitecto debe psicoanalizar al cliente, familiarizándose con sus hábitos, gustos, comportamiento, compulsiones y sentimientos personales.


Muchas veces los objetivos del arquitecto y del cliente no son los mismos. Al cliente orientado al mercado por lo general sólo le interesa una cosa: el éxito económico, medido por las ganancias. El cliente que urbaniza un área comercial tiende de manera natural a buscar un arquitecto que diseñe instalaciones cuyos costos de construcción y operación sean mínimos. El arquitecto intenta vender un buen diseño a los desarrolladores urbanos con base en conceptos comerciales y de inversión sólidos, argumentando que el diseño de mejor calidad y el incremento del gasto refundará en rentas o ventas más rápidas y cuantiosas. 


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