EL PRINCIPIO DEL REVESTIMIENTO - ADOLF LOOS

Aunque para el artista todos los materiales tienen el mismo valor no puede utilizarlos de igual modo para todos sus fines. La resistencia necesaria, el tipo de construcción esencial, con frecuencia, requieren materiales que no se hallan de conformidad con los fines del edilicio. El arquitecto tiene la obligación de realizar un espacio cálido y cómodo. Las alfombras son cálidas y cómodas.

Por ello, decide extender una sobre el suelo y colgar tapices en las paredes. Pero no se puede construir una casa a base de alfombras y tapices. Lo mismo unas que otros necesitan una armazón constructiva que los sostenga en la posición correcta. Encontrar esta armazón constituye el segundo trabajo del arquitecto. 

Este es el camino lógico, el que se sigue en arquitectura. Así, con ese mismo orden, ha aprendido a construir la humanidad. Al comienzo, se realizó el revestimiento. El hombre buscó protección frente a las inclemencias del tiempo, protección y calor para las horas de su sueño. Quiso cubrirse. El techo es el elemento arquitectónico más antiguo. En un principio constaba de pieles o tejidos. (Este significado de la palabra aún se conoce en las lenguas germánicas por la relación que en ellas hay entre techo y cubrirse). El techo se tenía que disponer sobre un lugar ofreciera bastante espacio para dar cobijo a toda una familia. De ahí provienen las paredes, que, al mismo tiempo, constituían una protección lateral. Y así evolucionó el pensamiento arquitectónico, tanto en la humanidad como en el individuo. 

Hay arquitectos que producen de otro modo. Su fantasía no forma espacios, sino muros. Lo que queda entre los muros son los espacios. Y para estos espacios se elige el tipo de revestimiento que al arquitecto le parece adecuado. 

Pero el artista, el arquitecto, primero siente el efecto que piensa producir y luego, con mirada espiritual, ve los espacios que desea crear. El efecto que quiere producir en el observador: miedo o temor en una cárcel; el sentimiento de la Divinidad, en una iglesia; respeto ante la fuerza estatal, en el Palacio del gobierno; piedad en un monumento funerario; carácter hogareño en la vivienda; alegría en una taberna… en todos los casos este efecto se pone de relieve mediante el material y la forma. Cada material tiene su propio lenguaje formal y ningún material puede absorber las formas de otros, ya que estas formas son resultado de la utilidad y del proceso de fabricación propios. Han surgido junto con el material y gracias a él. Ningún material permite intromisiones en su círculo formal. NO obstante, al que osa hacer una intromisión semejante, el mundo le señala como falsificador. Pero el arte no tiene nada que ver con la falsificación ni la mentira. Sus caminos, si bien son espinosos, son puros.

Un material de revestimiento puede conservar su color natural si el material cubierto es del mismo color. Así, puedo pintar hierro negro con alquitrán, pedo cubrir una madera con otra (aplacado, marquetería, etc…), sin tener que pintar la madera que cubre; puede revestir un metal con otro por el fuego o por galvanoplastia. Sin embargo, el principio del revestimiento prohíbe imitar mediante una tintura el material que se halla debajo. Por ello, puede alquitranarse el hierro, pintarse al aceite y revestirse galvánicamente, pero nunca cubrirse con el color del bronce, es decir, con el color de otro metal.

También merecen mencionarse las placas de chamota y las de piedra artificial, de las que unas imitan el mosaico y otras tapices persas. Cierto es que hay gente que se lo cree; los fabricantes deben conocer a su público.

¡Pero, no, imitadores y arquitecto de sucedáneos, os equivocáis! El alma humana es algo demasiado elevado y excelso para que a través de vuestros medios, insignificantes medios, pudierais engañarla. Verdad es que tenéis en vuestro poder a nuestro pobre cuerpo. Sólo tiene a sus disposición cinco sentidos para distinguir lo verdadero de lo falso. Y allí donde el hombre alcanza con sus órganos sensoriales, allí empieza vuestro dominio, allí está vuestro imperio. Pero de todos modos, lo repito: ¡Os equivocáis! Pintad sobre la cubierta de madera las mejores incrustaciones, los pobres ojos se lo creerán pero la psique divina no creerá vuestras falacias.


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