LA FORMACIÓN DEL CONCEPTO DE RACIONALIDAD EN ARQUITECTURA



 ARQUITECTURA E HISTORIA

LA FORMACIÓN DEL CONCEPTO DE RACIONALIDAD EN ARQUITECTURA

Encontramos de nuevo la palabra “racionalidad” como instrumento de definición y de juicio. Veamos ahora sí, volviendo a la investigación que nos hemos propuesto realizar, es posible explicar un poco más a fondo el significado de esta palabra.

En una primera aproximación cuando (en sentido intencionadamente arquitectónico) se habla de “racionalidad” se superponen, por lo menos, cuatro significados diversos: 


1)      Se puede hacer referencia a un vínculo bien articulado con el uso, a una disposición racional del objeto; es decir, la racionalidad puede ser extrínseca o intrínseca, referirse a la función o a la lógica interna de la construcción arquitectónica. En el primero caso, se puede referirse fundamentalmente a las costumbres del grupo social; en el segundo está referido a la conexión optimal de las partes en relación con los diversos parámetros de economía, política, producción, claridad y legibilidad, integración, etc.

2)      Hay otro significado de la palabra racional vinculado a la idea de un lenguaje estilístico caracterizado por las ausencia de adorno en las superficies lisas y unitarias, por ausencia de relación con los estilos históricos, etc.

3)      Otra interpretación de la palabra racionalidad tiene a hacerla coincidir con la palabra objetividad pues hace referencia las relaciones con la mecánica de la reducción, a la aplicación rígida del principio de la causa, a un principio contrapuesto, metafísicamente o no, a la intuición y al sentimiento.

4)      Por último, racional puede ser un proceso que se construye sobre la base de datos y de pasos lógicos, de soluciones optimales respecto al problema y que establece procedimientos continuamente controlables a partir de los propios datos del problema. 


La serie de significados que se han acumulado en torno a la palabra “racionalidad” en arquitectura depende tanto de hipótesis arquitectónicas como de realizaciones que se han construido con ciertos momentos según el diverso modo de entender el concepto general de razón. Estos significados se han ido transformando a lo largo de los años asumiendo acentos diversos y ocupando áreas más o menos amplias en el proceso de la proyección arquitectónica. “Apoderémonos de los medios que nos proporciona nuestro tiempo, apliquémoslos sin hacer intervenir tradiciones que hoy por hoy no son vitales, y solo entonces podremos inaugurar la nueva racionalidad arquitectónica.” Cuando en 1872 Viollet-Le-Duc escribía estas palabras, tendía a asociar a la idea del gótico la de racionalidad constructora refutando su pertenencia a la corriente neoclásica y ecléctica. 


La racionalidad constructora era una óptica con la que se podía leer toda la historia, aun cuando aquel tipo de racionalidad permitía elegir entre lenguajes diversos y alternativos. Detrás del argumento de Viollet-Le-Duc (y no casualmente, por cierto) hay una interpretación iluminística del concepto de razón racional, del mundo; se trata del método natural, y por tanto racional, del mundo; se trata del método de la descomposición analítica como base de toda investigación y que coincide con el método racionalizador por partes del mundo paleo-industrial.




Partiendo de una raíz diversa, de alguna manera metafísica, se propone, en cambio, la idea de racionalidad como objetividad que solo atañe al proceso de sino al propio resultado visto como tendencia hacia una configuración final e inmodificable del objeto en cuanto definitivamente correspondiente a su objetivo. Esta óptica insiste no tanto en la confianza de una completa cientifización del proceso artístico, cuanto en una concepción de la ciencia considerada capaz de avanzar hacia una verdad absoluta y distinta, pero cierta y, sobre todo, independiente de los cambios históricos. Es una forma de objetividad que confina la conciencia del sujeto en función, por así decir, de una espiritualidad definitiva. Es la forma de la racionalidad como total deductividad que tiende a establecer valores universales y convierte la razón en una teología que no cree en el deseo humano si en cuanto deseo de razón: un continuo descender en lugar de ascender.


COLECCIÓN ARQUITECTURA Y CRÍTICA
Dirigida por IGNACIO DE SOLA-MORALES RUBIÓ
Arqto. Profesor de la Universidad de Barcelona

 

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