DESCONFIEMOS DEL DIBUJO

Rumpel


Para el arquitecto, el dibujo nunca será un fin en sí mismo, a lo sumo, un medio de carácter transitorio. Proponer a los interesados una visión hecha perceptible, servir de guía a los trabajos: no tiene otro objeto. Poca cosa, en definitiva. Efectivamente, una vez realizado el esfuerzo conceptual, todo puede seguir siendo intelectual y expresarse sólo mediante apuntes o croquis de pormenor y a través de órdenes. ¿No lo hacían así los maestros lapicidas medievales? La opinión pública quiere, sin embargo, que, para llegar a ser arquitecto se ha de empezar por saber dibujar. Y el ingreso en las escuelas superiores pone en ello su mejor criterio de selección. Cabalmente, cuando lo esencial no es, ni de lejos, el dibujar bien, sino razonar como es debido. El dibujo se ofrece como un complemento necesario, pero de ningún modo suficiente. Y este medio de expresión, eventualmente innato, puede ser siempre adquirido a través de la enseñanza. Y, por otra parte, es preferible aprenderlo. Al cabo de algunos años, caemos en la cuenta de que a menudo resulta una calamidad ser un dibujante demasiado diestro: es enorme el riesgo de el primer seducido, es decir, burlado, por los hechizos del grafismo.

- El Arquitecto - Robert Auzelle
- Editores Tecnicos Asociados S.A. - Barcelona
- pag. 27

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