PRINCIPIOS DE LA ARQUITECTURA MODERNA

//  DEL ESPACIO AL LUGAR  //

La pérdida de la imagen es una característica fundamental del actual cris del entorno. Puede que esta afirmación no parezca muy convincente para todo el mundo, puesto que no estamos habituados a pensar en la arquitectura en función de las imágenes. Durante demasiado tiempo hemos estado prestando una atención exclusiva a la función y la estructura. Pero, sin imágenes, nuestro entorno queda reducido a un simple contenedor espacial. Y así nos vemos privados de esas cosas que constituyen nuestro mundo cotidiano, y también nos vemos privados de los recuerdos que relacionan este mundo con la vida humana. Sin embargo, seria injustos hacer responsable a la arquitectura moderna d este estado de cosas. La arquitectura moderna surgió para salvar esa brecha entre pensamiento y sentimiento que ha causado la pérdida de la imagen. En principio lo consiguió, pero el éxito nunca se aplicó del todo. Una falsa arquitectura moderna, conocida como funcionalismo radical o “vulgar”, llegó a ser predominante, y la arquitectura degeneró en esos “diagramas construidos” tan comunes en la actualidad. Sin embargo, no podemos aceptar que esto suponga el “fracaso”  de la arquitectura moderna. Y tampoco podemos apoyar esa visión de que la arquitectura posmoderna representa necesariamente una ruptura con la nueva tradición. Es más bien que la arquitectura posmoderna evoluciona a partir de la moderna, y su éxito depende de si capaz de combinar la planta libre y la forma abierta con la imagen significativa.

      El advenimiento de la arquitectura posmoderna se debe también al propio mundo nuevo. Hasta no hace mucho, nuestro potencial tecnológico parecía tener la posibilidad de ofrecer libertad y prosperidad para todos. Sin embargo, la tecnología ya no parece un medio para lograr un fin, sino que se ha convertido en un fin de sí misma, e incluso amenaza con poner fin a todo. En esta situación, resulta tentador encontrar una escapatoria en la nostalgia y los estímulos superficiales. Sin embargo, la actual exigencia de estímulo demuestra la necesidad del arte. Habitar presupone una relación autentica con el mundo, lo que solo es posible mediante arte. Cuando el mundo moderno se tornó agobiante y amenazante es cuando más importante que nunca resulta controlarlo emocionalmente y aprender a captarlo a través de lo que hemos llamado una “visión poética”. Sólo a través de una visión puede desarrollar el hombre un nuevo amor y respeto por las cosas y, de ese modo, ser capaz de “salvar la tierra”. En términos arquitectónicos, esto significa la creación de verdaderos lugares y, con ello, la recuperación de la imagen construida. También podríamos decir que actualmente nos estamos apartando de la concepción cuantitativa de la vivienda para acercarnos a otra más cualitativa. La calidad en la arquitectura implica un retorno a un “aquí” concreto, esto es, al lugar tanto en términos constancia como de cambio. Por tanto, el genis loci debería llegar a formar parte dela nuevo tradición para así proporcionarle unas raíces.
      Ya hemos indicado que la recuperación del lugar como un “aquí” concreto que concreta en mundo propone una actitud fenomenológica. Esta actitud es sinónimo de esa unidad de pensamiento que constituía el propósito original del Movimiento Moderno. Una actitud fenomenológica toma como punto de partida la unidad del sujeto y objeto o, en otras palabras, entiende que el hombre “está en el mundo”. En la actualidad, el estudio de los problemas del entorno suele dividirse en dos ramas: los estudios psicológicos y sociológicos por un lado, y los “análisis” semiológicos de la arquitectura por otro. Podemos decir con seguridad que la investigación social no ha logrado proporcionar un fundamento para el ejercicio de la arquitectura, y que la semiología sigue siendo ajena al lenguaje de la arquitectura. Puesto que la espacialidad  existencial comprende las dimensiones tanto sociales como lingüísticas, una indagación fenomenológica del “estar en el mundo” del hombre ofrecerá un fundamento realista para el esfuerzo de dotarle de un nuevo lugar.
      Habitar presupone una actitud poética y fenomenológica con respeto a todo. El entendimiento que alcanza gracias a esta actitud debe conservarse en imágenes. Por medio de imágenes, el espacio debe transformarse en lugar, y se completa así el habitar. La nueva tradición indica el camino hacia el nuevo lugar, en particular a través de la expresión de la apertura y la movilidad. La búsqueda posmoderna de la imagen corresponde también a su desarrollo. El nuevo lugar es nuevo y a la vez antiguo, en el sentido que presenta una nueva interpretación de los arquetipos de la espacialidad existencial. A escala urbana, el nuevo lugar será variado y pluralista; a escala doméstica, variado y familiar; y a escala institucional, explícitamente simbólico. Común a todas las escalas es la cualidad de lugar como una concentración de imágenes que conserva un mundo entendido o, en resumen, la cualidad de una imago mundi.
      La creación de verdaderos lugares ya está en marcha, aunque puede parecer que los resultados sean como gotas en un océano. También es importante distinguir los verdaderos lugares del presente de los pastiches de la arquitectura posmoderna superficial. La reconquista de la imagen no implica una simple aplicación de motivos históricos, ni una vuelta a los estilos del pasado. La verdadera arquitectura posmoderna quería más bien un retorno a las formas significativas, no en el sentido de la semiología, sino como concentraciones de contenidos dispares, para formar así conjuntos sintéticos. 
      La arquitectura moderna ha dado al espacio intermedio un lugar de honor. Ahora los espacios públicos se comunican con el interior de los edificios y también con los alrededores, y surge así un lugar verdaderamente “abierto”, en el que se pueden representar los ideales de igualdad y libertad. El proyecto ganador del concurso para la ampliación del Teatro Real de Copenhague (1996), obra de Sverre Fehn, ilustra esto de un modo significativo. En él, una calle existente se transforma en un paseo cubierto que comunica los auditorios, el antiguo y el nuevo, situados en los extremos. El espacio, grandioso y variado, está cubierto por grandes bóvedas de hormigón que tiene cierta semejanza con las alas de un pájaro. La planta libre y la estructura expresiva se unen para formar un verdadero lugar (más que un edificio), y el potencial de la arquitectura moderna ha vuelto a revelarse apropiado para el cometido en cuestión.
                Al comienzo de este libro afirmábamos que la arquitectura moderna había nacido para ayudar al hombre a sentirse a gusto en un nuevo mundo. Sosteníamos también que esta intención presupone cerrar la “brecha entre pensamiento y sentimiento” que ha dominado la civilización occidental desde descartes. Finalmente, señalábamos que el medio para alcanzar ese fin es la creación de un nuevo lugar. Una vez estudiados los principios básicos y la evolución de la arquitectura moderna, ahora podemos volver a esas afirmaciones. Y deberíamos preguntarnos si se han alcanzado los objetivos.

       La respuesta es sí y no. En efecto, la arquitectura moderna se ha demostrado capaz de contribuir a la identificación del hombre con el mundo actual; en sentido práctico, le ha dado ese nuevo alojamiento exigido al inicio del movimiento, y desde el punto de vista artístico ha unido el pensamiento y el sentimiento en una síntesis valida. También se ha producido una evolución; desde las reflexiones básicas pero algo reductivas de los pioneros, hasta las obras variadas e “inclusivas” de la generación posmoderna. Giedion tenía razón al considerar la arquitectura moderna una “nueva tradición”. Sin embargo, actualmente los resultados positivos parecen gotas en un océano. Más que nunca, los resultados positivos parecen gotas en un océano. Más que nunca, lo que impera en la pobreza: por todas partes aparecen extensos barrios degradados. Un nuevo eclecticismo se ha convertido en el modo de expresión de la gente adinerada, un eclecticismo que carece incluso del fundamento estilístico de la arquitectura advenediza del siglo XIX. Por diversas razones, nuestras ciudades están perdiendo su cualidad de lugar, y la naturaleza está siendo sometida a la contaminación y a una explotación insensata. De ahí que la situación que a finales del siglo XIX provocó el advenimiento de la arquitectura moderna vuelva a imperar una vez más, e incluso de una forma más acentuada. Por tanto, no es de extrañar que haya anunciado “la muerte de la arquitectura”.
 
      Tengo la esperanza de que este libro demuestre que la arquitectura todavía está viva y que la arquitectura sigue siendo la única expresión autentica de nuestro tiempo. También tengo la esperanza de que un mejor entendimiento de sus principios y su evolución pueda restablecer nuestra confianza en la “nueva tradición”. Con el fin de asegurar que tiene continuidad, hemos de dominar la “gramática” de la planta libre y la forma abierta recortando que “libertad” y “apertura” significan abolir todo sistema estilístico cerrado en favor de una interacción abierta de las identidades. Le Corbusier entendió esto cuando quiso fundamentar nuestros esfuerzos en (objetos de reacción poética), y cuando construyo la “Torre de las sombras” en Chandigarh, una torre cuya única función es mostrar como la luz crea una presencia potencial desde la mañana a la noche. La torre esta situada cerca de la “mano abierta” otra obra suya que expresa la unidad de las cosas mismas y el “estar en el mundo” propio del hombre.




PRINCIPIOS DE LA ARQUTIECTURA MODERNA
Del Espacio al Lugar 

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